Poema visual 5: La vida es bella, de Benigni

La vida es bella
Poema visual basado en este fotograma de La vida es bella, de Roberto Benigni.
Textos poéticos: MBG – twitter.com/ComuniMan.

Benigni, Guido;  crítica racismo;

fotograma escogido

¡La vida es bella! ¡Mirad qué orejas… cartílago móvil plegable! ¡Mirad estos músculos! ¡Mirad qué belleza! Así se pavonea Guido, subido a los pupitres, supuestamente enviado por los preclaros científicos racistas italianos. Se ha metido en un auténtico lío, y todo por seducir, siempre con ingenio, simpatía e insistencia inconcebibles, a la bella Dora, “nuestra Dora querida” en el poema visual.

El personaje de Benigni, Guido

Esta seducción tiene poco que ver con el dudoso atractivo físico de Roberto Benigni (actor que interpreta a Guido, y director de La vida es bella), y mucho que ver con el encanto irresistible de carácter, la ilusión del enamorado perdido, la dulce necesidad y alegría invencible del ingenioso Guido.

Imposible no rendirse a sus encantos, de modo que entran en un “jardín de los sueños y -como en un cuento-, al día siguiente” (del poema) salen de él con el pequeño Josué, un “recién nacido” de al menos cinco o seis años… Una elipse que en lenguaje audiovisual se solventa sin “corte”. (Primero, la cámara sigue a Guido -ella espera adentro- hasta el umbral del invernadero, la imagen se queda quieta y oímos “Josué, Josué”; aparece el pequeño saliendo y la cámara se mueve hacia atrás, en esa misma dirección, anticipando y siguiendo esos pasos; entre tanto ha cambiado la luz, de la noche al día).

La vida es bella como nunca, aunque empiezan los problemas pequeños, cuando el “niño/lagartija” (Josué), “a cada hora del baño, se esfuma con su magia dentro de un pequeño armario”, sencillamente porque no le gusta bañarse, y se esconde en un armario que más tarde, parece caminar…

Saliendo del armario que camina.

Crítica del racismo en La vida es bella

Más adelante empiezan problemas más graves. Pintadas en las calles que Josué puede leer, y que encojen el corazón de su padre: “Prohibida la entrada a los judíos y a los perros”. Pero Guido tiene coraje, no ha perdido su alegría, y en respuesta pedagógica su ingenio es lúcido: “Cada uno hace lo que quiere”, le explica, y también a él hay cosas que no le gustan; de modo que en su librería escribirá, “prohibida la entrada a las arañas y a los visigodos” ¡Cómo deja en evidencia la estúpida crueldad de aquella xenófoba exclusión!

El fotograma escogido

Y es este disfrazar toda la realidad, mientras están en los campos nazis, con “los hombres huecos que chillan” (del poema, referido a los ruines soldados y capos), “el sacrificio que hizo [su] padre”; “aquel fue el regalo que tenía para [él]”, como lo piensa Josué al final de la película.

La imagen del poema visual corresponde a una escena de la vida en los lager (campos). Guido lleva días dejándose la piel, sufriendo, pasando frío y hambre, pero a la vuelta, al abrirse la puerta del block y ver a su hijo, se enmascara como puede esa mueca-sonrisa bajo la lluvia, en un momento tan triste como “llorar a [su] Dora querida, dentro del corazón”. Ni siquiera saben si está viva.

Sobre la vida en los campos, o cómo escribir sobre ésta: Cómo escribir sobre Auschwitz

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Contenido original. MBG – twitter.com/ComuniMan